Un año después, sobran los motivos
Exactamente un año después de las elecciones autonómicas, los aragoneses no aguantan más. Y han salido a la calle a decirlo alto y claro. La del martes fue una manifestación histórica, por el éxito de la convocatoria pero sobre todo porque consiguió unir de una vez a todos los niveles educativos, a profesores, alumnos, padres y madres. Nunca una huelga educativa había tenido tanto apoyo social.
No fue un aniversario agradable para Rudi, pero sin lugar a dudas, fue el más sincero. Porque es verdad que el 22 de mayo del año pasado los ciudadanos pidieron un cambio. Tan cierto como que hoy claman porque lo que han obtenido a cambio ha sido un fraude en toda regla. Un fraude servido en dos tiempos. Me explico.
La primera etapa del Gobierno de Rudi se caracterizó por el engaño. “Mantengámonos callados, que nuestra partida no termina hasta que Rajoy llegue a la Moncloa”, parecían decir los populares. Pasado el 20N, a la obediente Rudi le han servido en bandeja el retiro: su única función se limita a aplicar en Aragón, lo que Madrid dictamina. El papel, ni más ni menos, de un gobernador civil de hace tres décadas.
En Aragón las cifras de deuda, de déficit, de desempleo y el ritmo económico otorgaban cierto margen de maniobra para apostar por una estrategia diferente a la del recorte sistemático y la parálisis. Había margen para poner en marcha políticas que dinamizasen la economía, que moderase las cifras del paro o que garantizasen la calidad de los servicios públicos.
Un año después de obtener la confianza de los ciudadanos, Rudi y su Gobierno acaban con ella con una gestión caracterizada por la inactividad, por el aumento constante del paro, por el deterioro de la situación económica y por el desmantelamiento de los servicios públicos.
La huelga no es ni mucho menos anecdótica. Es más bien sintomática de un malestar, de una decepción y de una desconfianza creciente entre los ciudadanos. Porque como el Coronel, que no tenía quien le escribiera, los aragoneses no encuentran en el Gobierno quien les defienda.
El Partido Popular, ocupado como está en no dar problemas a su jefe de filas, y el PAR, despistado y sin rumbo, más preocupado por mantenerse en el sitio que por defender reivindicaciones tan fundamentales para ellos en otras etapas como las competencias en materia de aguas que Rajoy acaba de devolver a manos del Estado.
Ha sido este año tiempo suficiente para poner a cada cual en su sitio. Porque después de que el PSOE haya tenido que aguantar las culpas permanentes que desde las filas del PP se le achacan, acabamos de ver de dónde venían las mentiras y los fraudes: de Comunidades gobernadas por los populares, impasibles ante un avance del déficit en sus territorios insostenible a todas luces.
Es verdad que para el PSOE ha sido un año de recuperación, de volver a ordenar los muebles en casa y fuera de casa. Un año de renovación de los órganos del partido, un año de reflexión programática, un años necesario para recuperar el músculo que la sociedad nos pide. Ahora llega el momento de poner ese músculo a trabajar porque, hoy más que nunca, sobran los motivos.
Eva Almunia
















