Un año después, sobran los motivos

Exactamente un año después de las elecciones autonómicas, los aragoneses no aguantan más. Y han salido a la calle a decirlo alto y claro. La del martes fue una manifestación histórica, por el éxito de la convocatoria pero sobre todo porque consiguió unir de una vez a todos los niveles educativos, a profesores, alumnos, padres y madres. Nunca una huelga educativa había tenido tanto apoyo social.

No fue un aniversario agradable para Rudi, pero sin lugar a dudas, fue el más sincero. Porque es verdad que el 22 de mayo del año pasado los ciudadanos pidieron un cambio. Tan cierto como que hoy claman porque lo que han obtenido a cambio ha sido un fraude en toda regla. Un fraude servido en dos tiempos. Me explico.

La primera etapa del Gobierno de Rudi se caracterizó por el engaño.  “Mantengámonos callados, que nuestra partida no termina hasta que Rajoy llegue a la Moncloa”, parecían decir los populares. Pasado el 20N, a la obediente Rudi le han servido en bandeja el retiro: su única función se limita a aplicar en Aragón, lo que Madrid dictamina. El papel, ni más ni menos, de un gobernador civil de hace tres décadas.

En Aragón las cifras de deuda, de déficit, de desempleo y el ritmo económico otorgaban cierto margen de maniobra para apostar por una estrategia diferente a la del recorte sistemático y la parálisis. Había margen para poner en marcha políticas que dinamizasen la economía, que moderase las cifras del paro o que garantizasen la calidad de los servicios públicos.

Un año después de obtener la confianza de los ciudadanos, Rudi y su Gobierno acaban con ella con una gestión caracterizada por la inactividad, por el aumento constante del paro, por el deterioro de la situación económica y por el desmantelamiento de los servicios públicos.

La huelga no es ni mucho menos anecdótica. Es más bien sintomática de un malestar, de una decepción y de una desconfianza creciente entre los ciudadanos. Porque como el Coronel, que no tenía quien le escribiera, los aragoneses no encuentran en el Gobierno quien les defienda.

El Partido Popular, ocupado como está en no dar problemas a su jefe de filas, y el PAR, despistado y sin rumbo, más preocupado por mantenerse en el sitio que por defender reivindicaciones tan fundamentales para ellos en otras etapas como las competencias en materia de aguas que Rajoy acaba de devolver a manos del Estado.

Ha sido este año tiempo suficiente para poner a cada cual en su sitio. Porque después de que el PSOE haya tenido que aguantar las culpas permanentes que desde las filas del PP se le achacan, acabamos de ver de dónde venían las mentiras y los fraudes: de Comunidades gobernadas por los populares, impasibles ante un avance  del déficit en sus territorios insostenible a todas luces.

Es verdad que para el PSOE ha sido un año de recuperación, de volver a ordenar los muebles en casa y fuera de casa. Un año de renovación de los órganos del partido, un año de reflexión programática, un años necesario para recuperar el músculo que la sociedad nos pide. Ahora llega el momento de poner ese músculo a trabajar porque, hoy más que nunca, sobran los motivos.

Eva Almunia

Una huelga con todo el sentido

Que la crisis está sirviendo de excusa al PP para implantar su retrógrado modelo educativo es algo fuera de dudas. Pero no deja de sorprenderme (y preocuparme), hasta dónde se remontan los referentes que la derecha utiliza para cimentar el sistema educativo injusto que propugna.

En más de una ocasión, en plena negociación desde el Ministerio de Educación para tratar de sacar adelante un Pacto Nacional, vimos en el Partido Popular la voluntad clara de retroceder hasta algunos postulados de la Ley General de Educación de 1970. Postulados que no tenían en cuenta la nueva realidad social, la evolución económica y cultural de nuestro país y, sobre todo, las competencias básicas que cualquier alumno español requiere en pleno siglo XXI.

Pero la realidad siempre puede sorprendernos. Y en este caso lo ha hecho y de forma especialmente desagradable. Porque el referente de Rajoy (que fue Ministro de Educación), de Wert o de Rudi se encuentra más fácilmente en la Ley Mollano, de 1857. A quien le parezca exagerado, le invito a leer el siguiente párrafo:

“Los fines educativos se concebían de manera muy distinta en aquella época y reflejaban un estilo clasista opuesto a la aspiración, hoy generalizada de democratizar la enseñanza”. Esta es la definición descrita en el Prámbulo de la Ley de 1970 en referencia a la antigua Ley Mollano.

¿No son acaso las medidas del Partido Popular un fiel reflejo de esas premisas? Las nuevas tecnologías, la innovación educativa, la formación del profesorado y hasta las ayudas para el aprendizaje de idiomas han quedado fuera de la oferta de la escuela pública.

Un panorama al que hay que sumar además la reducción de 3.000 millones de euros de los presupuestos de Educación que llevan parejo el aumento de ratios y la falta de recursos para una buena parte de nuestro sistema educativo como es el medio rural.

Cuando el PP sube alegremente las ratios, no sólo está perjudicando la calidad de la educación de los jóvenes, sino que está atacando las condiciones laborales del profesorado, obviando las necesidades de escolarización de territorios tan dispersos como Aragón y delegando en las familias el refuerzo educativo de sus hijos en horario extraescolar.

Durante la última década, miles de jóvenes abandonaron las aulas atraídos por un mercado laboral hambriento de mano de obra. Hoy, los jóvenes se refugian en la educación como inversión de futuro, como única tabla de salvación. El problema es que ese sistema educativo al que están volviendo ya no acoge a todos por igual, ya no tiene espacio para todos ni recursos para atender a los que tengan más dificultades.

Si a este panorama le sumamos, además, una reforma laboral que ha dejado temblando las políticas activas de empleo, la formación de los trabajadores o sus posibilidades de desarrollo profesional, es algo más que comprensible que la huelga convocada para hoy no sólo la secunde el sector educativo, sino que cuente con el apoyo y la complicidad de toda la sociedad. Porque es su futuro lo que está en juego.

Eva Almunia

La esperanza se instala en el Elíseo

El triunfo de Hollande es el triunfo del sentido común. De la reflexión, del compromiso ideológico y el amor por la política.

Pocos líderes europeos, a excepción de la omnipresente Angela Merkel, representan la política errática de la asfixia económica, del ahorro como excusa para imponer un credo político y la gestión gubernamental como herramienta para sembrar desigualdad e injusticia social como Nicolás Sarkozy.

Por eso el triunfo de François Hollande en Francia tiene tanta trascendencia. Una generación entera de franceses no ha conocido otra política que la de la derecha, virada ahora -con la excusa de la crisis- hacia los planteamientos más radicales desde el punto de vista económico y social (incluyendo ya en plena campaña electoral descarados tintes xenófobos).

Hollande se ha enfrentado a su primera campaña presidencial con los ojos de toda Europa puestos sobre su programa. Los ojos y las esperanzas. Porque aquellos que tratan de minimizar su triunfo, que buscan eufemismos como los que utilizó el Partido Popular, lo hacen cargados de ira y rabia ante la victoria del socialismo.

Hollande representa ya la esperanza de toda Europa de cambiar una agenda política que no hace más que alejar cualquier salida de esta crisis. Es el movimiento frente a la parálisis, la propuesta frente a la austeridad de ideas, la audacia frente al egoísmo de aquellos que no miran más allá de sí mismos. Es un enorme balón de oxígeno oír hablar de empleo y crecimiento, como hizo ayer el líder socialista.

Es necesario cambiar el rumbo con urgencia. Reactivar nuestra economía con medidas de estímulo, con una creatividad mayor que la de simplemente cortar el grifo al gasto, las inversiones, los servicios públicos e incluso las políticas activas de empleo.

Los socialistas franceses han ganado la confianza de los ciudadanos con un mensaje claro: Así no. Hay otra forma de hacer las cosas y resulta que además es mejor.

Comprometidos con el cumplimiento del déficit, la deuda y la agenda europea siempre que “la austeridad no suponga una condena”. Pero también con las necesidades de su pueblo, con la lucha contra el fraude o la exigencia a los más poderosos de que reviertan a la sociedad parte de lo que esta les ha permitido ganar.

Defensores de un mensaje de solidaridad, de esfuerzo conjunto y, al fin, de esperanza. Porque es una gran alegría para todos saber que uno de los países más influyentes en la deriva que tome Europa en este nuevo tiempo es “profundamente socialista”, como decía orgulloso el propio Hollande.

Eva Almunia

Vencer por KO

En esta última semana he escuchado al Consejero de Economía de Aragón decir que él ya no habla de crisis sino de “nuevo tiempo”; a la Ministra de Sanidad, que “el copago farmacéutico es una medida justa”; a la presidenta de Aragón, que “no hay alternativas al proceso de reformas” y al presidente del Gobierno de España, decir que “no hay dinero para sostener los servicios públicos”.

Y todo, en la misma semana en la que se recortan 7.000 millones de euros en sanidad, 3.000 millones en educación, se impone el céntimo farmacéutico, se aumentan un 50% las tasas universitarias y se abre la puerta a la saturación de las aulas de la educación obligatoria. Casi nada.

Una semana tan letal para las clases trabajadoras, pensionistas, trabajadores y usuarios de los servicios públicos, como inocua para aquellos que más tienen, para las grandes fortunas, los que viven de rentas, los aficionados a cualquier tipo de especulación.

El hecho es que el PP ha puesto en marcha su programa neoliberal y está dispuesto a llevarlo a cabo hasta sus últimas consecuencias: brecha social, destrucción del estado del bienestar y una carga insoportable sobre aquellos que más apoyo necesitan.

Y con todo, es el efecto sobre las esperanzas de mejora, sobre las expectativas de futuro o las ilusiones de los ciudadanos el que más me obsesiona. Porque a lo que estamos asistiendo es a un combate sin pausa contra la sociedad española que el Partido Popular quiere vencer por KO. A la derecha carente de escrúpulos no le sirve introducir poco a poco su modelo, no. Sólo le sirve un cambio de modelo total, rápido, que bloquee al fin la capacidad de reacción de una sociedad atemorizada y tocada en lo más profundo de su ánimo.

Un país avanzado, un país progresista es, en su definición más clara, aquél en el que no importe el origen social de sus ciudadanos, sino su talento, su esfuerzo, su ética, porque en un país equitativo, las oportunidades deben ser iguales para todos. Sin excepción ni medias tintas.

Eso es lo que está resqubrajando el Partido Popular. Porque cuando aplica el copago farmacéutico, mina la seguridad de las personas más enfermas; cuando aumenta las tasas universitarias, rompe las esperanzas de las familias más humildes; cuando favorece el despido y aumenta los impuestos de las clases trabajadoras, estrangula las ilusiones de miles de ciudadanos. Hace tiempo que el Partido Popular sabe el modelo de sociedad que quiere: aquél en el que no hay sitio para todos; una sociedad basada en la beneficencia, en la división de clases. La crisis les ha servido la excusa en bandeja. Ni más ni menos.

Porque ni uno solo de esos sacrificios que están pidiendo tienen como consecuencia la creación de empleo, la mejora de las condiciones sociales o, en último término, la salida de la crisis.

Quizá sea el momento de recuperar el carácter reivindicativo del Día de Aragón.

Eva Almunia

La educación, según el PP

El presupuesto de un país es un bucle compuesto por áreas inversoras, que dinamizan la economía y crean empleo, y áreas de gasto social, que generan talento, bienestar y progreso. Los combustibles básicos de un motor que quiera seguir funcionando. Y a nadie (excepto al PP) se le ocurriría asestar dos golpes de muerte, en forma de recortes presupuestarios, al que a todas luces es el motor de ese progreso: la educación.

Ahí está el meollo de la cuestión, en la voluntad (o no) de seguir desarrollando un modelo social basado en la equidad, la justicia y el valor del conocimiento. Y el Partido Popular lo tiene claro. Con un ministro de Educación más aficionado a la plática que a la práctica educativa y un presidente al que su paso por el Ministerio de Educación no debió dejarle huella, vamos camino de la destrucción de un sistema educativo que no ha dejado de mejorar en los últimos 30 años, pese a que al Partido Popular no le interesen las estadísticas positivas. Si no le ponemos freno.

Ni en el peor escenario podíamos imaginar que en poco más de 100 días se pudiese destruir tanto. Porque las medidas que el Ministro Wert ha impulsado, retrógradas y elitistas, van precedidas de un escrupuloso despliegue neoliberal en las Comunidades Autónomas donde gobierna el PP.

Por eso a este recorte llegamos sin Escuela 2.0, sin financiación para la etapa de 0 a 3 años, sin presupuesto para las Asociaciones de Padres y Madres, sin Centros de formación para el profesorado, ni becas para aprender idiomas, ni gratuidad de libros. Ahora, además, nos desayunamos con un incremento de ratios que se salta a la torera cualquier Ley educativa que haya visto la luz en la democracia.

Si me perdonan la expresión,  no han dejado títere con cabeza: perjudican a los alumnos, que han abandonado de un plumazo el epicentro del sistema educativo; perjudican a las familias, que verán mermado su derecho (y necesidad) de participación en la vida escolar de los centros; y perjudican al profesorado, dificultando su ejercicio profesional y poniendo en riesgo, en muchos casos, su propio puesto de trabajo.

Ahora se entiende el boicot al Pacto Nacional por la Educación que el Gobierno socialista planteó en la última legislatura. Porque las reformas educativas que el Partido Popular está impulsando sólo se pueden ejecutar cuando se va sólo, cuando ni se buscan ni se quieren apoyos. Solo se pueden hacer con una mayoría absoluta que, me atrevo a decir, en 100 días ha dejado de ser una mayoría social.

No sé a qué se referían Rajoy y Rudi cuando decían, en campaña electoral, que la educación y la sanidad eran intocables.

Recortar en Educación, no es ahorrar. Recortar en Educación, es lapidar. Lapidar el futuro de nuestros hijos, acabar con las posibilidades de un país que lleva 30 años haciendo esfuerzos por recuperar el tiempo perdido y agrandar la brecha que aún nos separa del norte de Europa. No se puede gobernar un país frenando la inversión, cortando las posibilidades de generación de empleo e hipotecando la capacidad de recuperación durante varias generaciones.

Pero la oposición al desmantelamiento del estado del bienestar no puede venir sólo de los bancos del Congreso. Tiene que ser una oposición social y solidaria. Defendamos el sistema que tenemos poniéndolo en valor. Sólo triunfarán los presupuestos del PP si flaquea nuestro apoyo al sistema educativo público, si dudamos de las posibilidades de nuestros hijos y de la capacidad del profesorado.

Creo que es momento de buscar lo mejor de nuestro sistema, mostrarlo y ponerlo en valor. Enfrentemos los recortes, con apoyo cerrado. Ese será la vía de salvación de la educación española.

Eva Almunia

Acabar con las inercias

Estamos a punto de cerrar una etapa en el PSOE aragonés y tenemos la oportunidad de abrir otra. No serán iguales. Ni sus protagonistas serán los mismos ni, lo que es más importante, las circunstancias tendrán nada en común.
 
La etapa que ahora se cierra nació en una de las horas más bajas del socialismo aragonés y supo llevarlo hasta su cima más alta. La que surgirá tras este Congreso Regional lo hará en un momento en el que la claridad de ideas, la confianza en los proyectos y no en las personas y la defensa firme de nuestro modelo social resulta a todas luces imprescindible.
 
No es el mejor momento para el socialismo, es evidente. Pero después del pasado fin de semana, tampoco parece el peor. Hay margen para la recuperación pero sólo conseguiremos responder a las expectativas que hay puestas en el PSOE si sabemos construir un discurso sólido, si sabemos dar cabida a los jóvenes, escuchar los mensajes de la calle y acabar con las inercias.

Porque las recetas pasadas, las que sirvieron y las que no, pasado son. No tratemos de resucitarlas, ni siquiera de reeditarlas. Y aquellos que contribuimos en mayor o menor medida a hacer posible esa etapa, seamos generosos. Es tiempo de savia nueva. Ofrezcamos nuestra experiencia, nuestro aprendizaje, para que el socialismo siga siendo referente, siga dando a los aragoneses las respuestas que necesitan. Pero no tratemos de dar lecciones. No pequemos de soberbia, de exceso de sabiduría, de pretender dejar al margen los mensajes que el electorado nos envía en cada cita con las urnas.
 
Tenemos una nueva oportunidad. Pero el mero hecho de celebrar un Congreso Regional y elegir un nuevo Secretario General no significa que la estemos aprovechando. Pongamos de nuestra parte, todos, sin protagonismos, y demostraremos que somos el partido maduro y comprometido que siempre hemos sido.
 
Eva Almunia
 

La delgada línea roja

Entre una política de recortes impuesta por Europa y sustentada en la crisis y una política ultraliberal donde los servicios públicos brillen por su ausencia hay una delgada línea roja. Eso es lo más peligroso de los actuales gobiernos del PP.

Porque los grandes incumplimientos como la subida de impuestos o los grandes zarpazos a los derechos de los trabajadores encuentran en la sociedad el desprecio y el rechazo que merecen. Por eso la huelga a la que muchos nos hemos sumado. La crisis no es escusa para todo y los miles de ciudadanos que secundarán la huelga y que dicen basta al atropello de derechos, de servicios y de conquistas no están de fiesta, como ha dicho un dirigente del PP. Están reclamando un modelo de sociedad sostenible, justa y viable que Rudi y Rajoy están echando por tierra.

Pero volvamos a la delgada línea roja. La que separa la educación gratuita de la que no lo es. La que separa la sanidad pública de calidad de la sanidad de mínimos. La que separa el derecho a la prestación por dependencia de la beneficencia. Son delgadas líneas rojas que ya se han traspasado amparadas en la crisis y escondiendo en realidad un profundo cambio de modelo.

En Aragón, el Gobierno ha presentado dos proyectos de presupuestos en pocos meses y aún está por ver que no tengan que presentar un tercero. Porque Rudi ha prometido a Rajoy que va a cumplir el déficit y los aragoneses que va a garantizar los servicios públicos, pero se apoya en un Presupuesto que es a todas luces irreal. Porque se planteó confiando en un crecimiento de la economía que no va a ser tal, entre otras cosas, porque han echado el freno a cualquier posibilidad de recuperación.

Según el último informe de FUNDEAR, la productividad regional se contrajo en el último trimestre de 2011 un 0’1% cuando no había registrado ninguna variación durante los tres trimestres anteriores. Hemos retornado a valores negativos porque el PP se instaló en el Pigantelli hace más de nueve meses y aún no han terminado la mudanza.

En lo que llevamos de 2012, y ya es casi un cuarto de año, han publicado en el BOA 72 Decretos. Sólo uno, se refiere a medidas económicas, en este caso relacionadas con la agricultura. Todo lo demás son, en su gran mayoría ceses y nombramientos o cambios en la estructura orgánica. Esa falta de pulso, de capacidad para Gobernar está afectando a la economía aragonesa, está afectando a la provincia de Teruel que ya ha visto desaparecer el Plan Miner y está afectando a los ciudadanos que ven peligrar los servicios públicos. Por lo pronto, la educación dejará de ser gratuita a partir de septiembre. Una de esas sutiles líneas rojas a las que hacía referencia al inicio.

No gobiernan, sólo administran. Y con eso ni se genera confianza entre el sector empresarial, ni se activa el consumo ni se resuelve el paro. Y con un entorno económico paralizado, su previsión de ingresos queda además absolutamente desfasada.

Decían los populares hace unos meses que la mejor política social era crear empleo. Pues bien, desde que han llegado al Gobierno hay más de 14.500 personas que se han ido al paro. ¿Cómo van a revertir esa situación si no prevén en los presupuestos ninguna política para reactivar la creación de puestos de trabajo, si no destinan al empleo joven, donde encontramos el mayor drama de nuestra fuerza laboral, ni un solo capítulo?

Rudi es responsable de los servicios públicos que se ofrecen en Aragón. Y ni sus previsiones presupuestarias los garantizan ni su modelo social los tienen en cuenta. Esas son las delgadas líneas rojas que, junto a la reforma laboral, acabarán encendiendo todas las alarmas. Esperemos que no sea tarde.

Eva Almunia

A Moncloa, a tomar el té

Cuando la realidad se pone tozuda, no hay quien le rechiste. Eso es lo que le está pasando a esta Presidenta nuestra que quiso afrontar la última etapa de su carrera política sin despeinarse y aún no se ha dado cuenta de que los tiempos no están para tempo pausado, sino para líderes capaces de tomar decisiones, con iniciativa y con imaginación.

Sólo desde esa actitud en exceso relajada y a todas luces irresponsable se entiende su satisfacción tras esa insípida y vacía reunión con Mariano Rajoy. Ni un solo compromiso, ni un solo gesto de complicidad con Aragón y los aragoneses. El presidente del Gobierno no tuvo a bien mostrar ni una sola de sus intenciones con esta tierra. Quizá ese silencio sea más elocuente de lo que parece, queriendo decir, sin decir, lo que todo el mundo sabe: ni Fondo Espacial de Teruel, ni Plan Miner, ni un no rotundo a un Trasvase del que solo nos aleja la falta de recursos para poder abordarlo, ni apoyo a la TCP… y así sobre todos y cada uno de los asuntos que Rudi fue a “defender” a Moncloa.

Dijo Rudi al ser preguntada por los compromisos presupuestarios de Rajoy que al presidente “no le corresponde” (sic) descender hasta ese grado de detalle. Sin embargo, dos días después el mismo presidente no ha tenido problema en reconocer públicamente que el corredor del Mediterráneo tendrá reflejo presupuestario.

Imagino que para alguien que ve de cerca la jubilación, ir a Moncloa a tomar el té es algo apasionante. Para los miles de parados que mes a mes siguen sin encontrar trabajo, para las familias que no saben cómo afrontar la educación de sus hijos, el cuidado de sus mayores o la atención sanitaria porque no sabe cuánto tiempo van a tardar en desmantelar el estado de Bienestar tal y como hoy lo conocemos, la flema cuasi británica de Rudi lejos de tranquilizar, nos pone los pelos de punta.

Eva Almunia

Que no lo llamen equidad

Que digan que forma parte de sus principios políticos, que responde a su modelo social y que la crisis económica les está dando algún que otro quebradero de cabeza y sobre todo muchas excusas. Pero que no lo llamen equidad. Porque no hay equidad posible en la forma de gobernar del Partido Popular, que aumenta impuestos para todos, profundizando las diferencias entre clases sociales- quien de verdad sufre la subida del IRPF son los más desfavorecidos y las clases medias- y frena en seco la prestación de servicios púbicos tan básicos como la educación o la sanidad.

Si analizamos las medidas del PP vemos que no asistimos a un duro programa de ajustes. Asistimos al despliegue de un programa político tremendamente conservador.

Eso es lo que vemos si pensamos, por ejemplo, en la mal llamada gratuidad de libros de texto. Mal llamada, porque el sistema que ahora Rudi echa por tierra nunca fue un sistema de gratuidad sino de préstamo de libros de texto. Un programa que arrancó en Aragón antes que en la gran mayoría de Comunidades y que permitía profundizar en el sistema público de educación, en línea con un buen número de países europeos. Un sistema que preveía que el principal material de apoyo didáctico fuera gratuito para las familias que, sin embargo, debían completarlo con otro tipo de material que el docente determinara. Y un sistema que, gracias al trabajo con las editoriales, de la aplicación de las nuevas tecnologías en el aula y del compromiso de alumnos, familias y centros permitía que la renovación de los libros se realizase cada cuatro años.

El éxito del programa se fundamentaba en la colaboración, en la innovación y en la concepción de la educación como un servicio público de calidad. Una colaboración que permitió que las editoriales desarrollasen materiales innovadores, que investigasen nuevos métodos de enseñanza a través de las posibilidades ilimitadas de las nuevas tecnologías y que, juntos, avanzásemos hacia un modelo educativo apropiado para los tiempos actuales. Sí, es posible hacer compatible la búsqueda de nuevos modelos de negocio para industrias amenazadas por el   y la mejora de la educación.

Frente a esto, vemos cómo gestiona la educación la derecha: sin más criterio que el ahorro en el servicio público a costa de la calidad de la educación. Porque sustituir el sistema de préstamo de libros (recordemos, renovados cada 4 años) por un sistema de becas anuales lejos de ser una medida a favor de la equidad, es una medida que lejos de ahorrar (aún no han dado cifras), es una medida que ahonda en un sistema educativo de mínimos.

Por eso no es posible desvincular unas decisiones de otras. El PP elimina a la vez el sistema de préstamo de libros de texto, el programa de pizarras digitales y los recursos extraordinarios para permitir la innovación en el aula.

El modelo del PP es el del profesor como autoridad (impuesta), no el del profesor como maestro, como orientador. Un modelo que destierra la participación, que devuelve a los colegios al siglo XX mientras sus alumnos se comen el siglo XXI. Un modelo que deja al profesor sin recursos, sin apoyo y sin posibilidades de sacar lo mejor de cada uno de esos niños y niñas que son nuestros hijos.

Eva Almunia

¿Cuenta Teruel para el PP?

Me lo pregunto sobre todo después de escuchar a la presidenta Rudi esta mañana en las Cortes. Desde el Grupo Parlamentario Socialista queríamos saber cuál es su compromiso con la provincia de Teruel, después de ver cómo el PP acaba con el Plan Miner y, por tanto, las posibilidades de desarrollo de una parte importante de la provincia, y la indefinición de Rajoy sobre el Fondo de Inversiones de Teruel, por el que la provincia ha recibido durante los últimos 20 años un tratamiento especial por parte de cinco Gobiernos de España diferentes.

Imagino que los vecinos de Teruel se preguntarán lo mismo y veo complicado que crean sus explicaciones. Principalmente, porque la ausencia de las mismas.  Porque lo que Rudi ha hecho, una vez más, ha sido echar mano del retrovisor para decir que todos los males de Teruel vienen de atrás. Siempre el anterior Gobierno.

El mismo Gobierno que puso en marcha el Plan de Inversiones de Teruel, que compensó el desequilibrio y el sinsentido que supone que una provincia de interior como Teruel, con más de 200 municipios de menos de 500 habitantes, con un envejecimiento de la población que casi duplica la media nacional, quede fuera de los Fondos de Compensación Interterritorial por pertenecer a una Comunidad con una renta superior a la media, mientras el litoral español queda dentro, como es el caso de la Comunidad Valenciana.

Muy al contrario, las primeras decisiones de el Gobierno de Rajoy, contando con la complicidad del silencio de la Presidenta Rudi, han arrancado mandato echando por tierra el Plan Miner, del que depende la supervivencia de una parte importante de la provincia de Teruel como son las Cuencas Mineras. Y aún está por ver que el Fondo de Inversión de Teruel, vigente desde 1992, y que ha triplicado sus inversiones anuales en la última década, pase también gracias al Partido Popular a mejor vida.

Teruel es una provincia que necesita un tratamiento especial, que necesita apoyo y recursos extraordinarios para mejorar su capital productivo, para mejorar su calidad de vida y en muchos casos para garantizar su supervivencia. Por eso era la única que contaba, y espero que siga contando, con un Fondo de Inversiones de 60 millones anuales.

Por eso cuando en 2007 se firmó la renovación del Fondo, el Gobierno de España explicaba que Teruel presenta desigualdades interterritoriales significativas sobre las que la política regional no puede actuar eficazmente con los mecanismos de carácter general disponibles. ¿Cómo van a compensar los Gobiernos de Rudi y de Rajoy esas desigualdades?

Quizá la clave sea el desconocimiento sobre la realidad de Aragón y en concreto la de Teruel la que lleva a los Ministros de Economía y de Hacienda a ignorar que el Fondo de Inversiones de Teruel no es sólo un fondo para realizar infraestructuras.

Las inversiones más significativas se han transformado en Proyectos dinamizadores de la economía turolense, como el Observatorio de Javalambre, la Ciudad del Motor de Alcañiz, Platea, Dinopolis o el Aeródromo de Caudé. Proyectos que son ya realidades y que están transformando la tradicional dependencia económica de Teruel del sector primario a una economía de futuro sostenible, de investigación y desarrollo, de logística y de servicios especializados.

Sólo en 2011, los 60 millones de euros se destinaron a proyectos estratégicos para Aragóny a las iniciativas empresariales relacionadas con la industria, la agroalimentación y el turismo. Entre otras cosas, el Fondo tiene como principal objetivo el impulso de proyectos de inversión que generen empleo, de forma directa o indirecta, en la provincia de Teruel.

Por poner un ejemplo, el sector agroalimentario en Teruel representa el 12% del PIB y genera 4000 empleos. También a este sector le afecta directamente el Fondo de Inversiones de Teruel.

Tampoco es comprensible el abandono del Plan Miner, que ha contribuido a la transformación de la economía y de la sociedad turolense en los últimos años. Un plan que ha concedido ayudas a fondo perdido para inversiones empresariales en aquellas zonas que dependen del sector minero, generando alternativas a la minería del carbón.

Hoy con el PP en el Gobierno de Aragón y en el de España, la alternativa al carbón es el éxodo rural. Es verdad que ya venían dando pistas, pues las decisiones de los conservadores en Europa golpearon seriamente al sector hace unos meses yendo de la mano de las eléctricas y de sus intereses.

¿Si todas las decisiones que el PP está tomando perjudican a la provincia, si en los presupuestos  de Aragón se reduce drásticamente las partidas destinadas a la vertebración del territorio (en la última década el PSOE invirtió más de 10.000 millones de euros), si rebajan las inversiones en turismo (Teruel es la sexta provincia de interior que más turismo trae)…. cómo va a hacer Rudi para crear empleo, activar la economía y generar confianza?

Ya paralizaron el Plan Red, que mejoraba 700 kilómetros de la red viaria de Teruel. Ahora dictan sentencia de muerte para el sector del carbón y profundizan la herida de los sectores estratégicos de Teruel al poner en suspenso el Fondo de Inversiones.

Mientras, el paro no ha dejado de aumentar desde que los populares llegaron al Gobierno. En el último mes ha sido precisamente Teruel la provincia aragonesa donde más ha aumentado el desempleo (un 5’11%). Hace ocho meses, Teruel tenía un 10% de tasa de desempleo, 14 puntos menos que en la vecina Valencia.

Hoy le he pedido a Rudi que al menos no elija ese modelo para nuestra comunidad. Ningún ciudadano de Teruel comprenderá su traición.

Eva Almunia

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Eva Espls
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