Recetas para un Estado mejor
Las relaciones con los vecinos son siempre intensas. Intensas en la cooperación y, en ocasiones, también intensas en el desencuentro. Porque sólo con quien se comparte historia, cultura y tradición se puede confrontar con la seguridad de que seguiremos apoyándonos, de que seguiremos conviviendo.
Yo nací en un hospital de Lérida, como varias generaciones de aragoneses que procedemos de las zonas limítrofes con Cataluña y he pasado todos los veranos que recuerdo en la Costa Dorada, en el mismo lugar que eligen para pasar sus vacaciones miles de aragoneses.
Tengo allí grandes amigos y admiro esa forma de ser orgullosa de su origen, defensora de sus señas de identidad. Me gusta Cataluña, pero defiendo a Aragón. Como dije esta misma semana, no pisaré este verano sus playas si no tengo la certeza de que los aragoneses, que llevamos décadas eligiendo la costa de Tarragona para descansar, no tenemos la garantía de ser tratados con las mismas garantías que cualquier otro ciudadano. Leer mas

















