Gobernar para unos pocos
Escuchar al Consejero de Hacienda del Gobierno de Aragón, Mario Garcés, hablar de liberalismo, de doctrina política y recetas de manual, es escuchar a la derecha más conservadora posible.
Cuando esa monserga se refleja en unos Presupuestos, la cosa es para echarse a temblar. Porque ese conservadurismo económico se traduce en una desregularización absoluta- precisamente, la fórmula que la crisis debió desterrar para siempre de la práctica política; se traduce en un Gobierno que sólo cumple una función: la de administrar- nada de regular, nada de incentivar, nada de mejorar, nada de Gobernar; se traduce en el fin del desarrollo estratégico, del apoyo a sectores como el turismo, la logística, las energías alternativas, las nuevas tecnologías…
Y ese conservadurismo económico se traduce en desigualdad, en un “sálvese quien pueda” cuando vamos a lo más básico: el gasto social. Este es el punto en el que los liberales que gobiernan hoy en el Pignatelli más incómodos se encuentran. Porque no sólo recortan cada partida, sino que lastran la calidad de todos y cada uno de los servicios.
Su inquina a los servicios públicos universales lleva a las familias a no saber todavía cuánto tendrán que pagar a partir del próximo mes de septiembre por la educación de sus hijos, a no tener garantizado el gasto farmacéutico, a incrementar las listas de espera y olvidarse de la calidad de la atención sanitaria (no en vano, la Presidenta Rudi no tiene reparo en afirmar que “a la gente le da igual que la atiendan en la pública que en la privada”).
Por último, el señor Garcés demuestra una peligrosa pasión: reducir impuestos que gravan la renta y la riqueza de los grupos sociales más acomodados.
En definitiva, de la lectura de los Presupuestos y tras escuchar al Consejero de Hacienda, sólo es posible concluir que el Gobierno de Rudi tiene pasión por gobernar sólo para unos pocos. El precio, eso sí, lo pagaremos todos y demasiado caro.
Eva Almunia
















