Reformas Wert
Se paseaba hasta hace poco el actual Ministro de Educación por las tertulias de diferentes medios mostrando un talante moderado, conciliador, haciendo gala de sentido común y de respeto a las diferencias. Pero Wert debió perder su piel de cordero un minuto antes de poner el pie en el Ministerio de Educación. Esas son las lealtades mal entendidas o lo que solemos llamar ser más papistas que el Papa.
En diciembre, cuando Wert se dedicaba “a la consultoría y a opinar”, como se define en su perfil de Twitter, se mostraba perplejo porque la transición entre un Presidente saliente y otro entrante parecía dejar al país sin Gobierno y sin toma de decisiones. Y está claro que no es su estilo. El suyo es más bien el de no dejar dudas de que ahora las cosas son diferentes, ¡y tanto que lo son!
Y es que en su primer mes como Ministro, Wert ha identificado bien a sus aliados (la Iglesia) y también a sus opositores (nunca mejor dicho, porque son precisamente estos, los opositores, los que más directamente han vivido las consecuencias del ordeno y mando). Por eso, cabe preguntarse ¿para qué y para quién son las reformas Wert?.
Su primer saludo, para la Iglesia con un adiós a Educación a la Ciudanía que nos lleva a ser de nuevo la excepción de Europa (donde esta materia lleva décadas impartiéndose). Y justificaba su decisión echando mano de los argumentarios de FAES, mostrando un desconocimiento profundo ya no de los contenidos de la materia, que también, sino de cómo se regula el currículo educativo. (Sólo dos pinceladas: además de que la asignatura se puso en marcha siguiendo una recomendación del Consejo de Europa, el Real Decreto 1631/2006 que determina el contenido de Educación para la Ciudadanía es público, se acordó con todos los sectores y fue ratificado por el Tribunal Supremo, que dictaminó en contra de la objeción a la asignatura).
Quizá debería saber el Ministro de Educación que el Gobierno y el Parlamento determinan los contenidos de las materias, no escriben ni supervisan los libros de texto. Le resultará curioso saber además que quien eliminó el control previo a la publicación de los manuales fue su colega Esperanza Aguirre cuando ocupaba el puesto que ahora ocupa él.
Pero las reformas Wert no se detienen allí y continúan precisamente con una de las decisiones más graves para nuestro sistema educativo: la segregación de alumnos a los 15 años. Se acabó un itinerario común para todos durante la educación obligatoria, porque para Wert, Rajoy y la derecha, no todos los alumnos merecen las mismas oportunidades.
Justificaba el Ministro hace unos días que en cuarto de secundaria muchos alumnos pierden el interés y perjudican a aquellos estudiantes más avanzados. Así que la solución es dividirlos, apostar por los buenos y dejar atrás a los que encuentran más dificultades. Lo que no dice es que esta decisión nada tiene que ver con las necesidades de los alumnos y todo con ser la puerta de entrada a los conciertos en Bachillerato que la patronal de la concertada tanto reclama.
Pero Wert es incansable, es el Ministro aventajado, el que más tiene que demostrar al líder de la manada. Y así continúa, dando marcha atrás a los temarios de las oposiciones para volver ni más ni menos que a los de 1993. No le importa que los miles de opositores que llevaban meses preparándose los exámenes tengan que volver a empezar. Qué casualidad que las Comunidades donde se habían convocado oposiciones fueran precisamente Andalucía y País Vasco, gobernadas ambas por el PSOE.
¿Por qué y para quién? Las reformas Wert se dirigen al mismo público que las que impulsa Rudi en Aragón cuando incumple los acuerdos de financiación de la Universidad Pública, cuando autoriza la duplicidad de titulaciones en la Universidad privada ahogando la supervivencia de los campus de Huesca y Teruel. El mismo público que Rudi cuando le quita a los padres y madres de la escuela pública para darle a los de la concertada, cuando elimina los Centros de Profesores y Recursos, paraliza la implantación de las TIC en la escuela o da marcha atrás al programa de gratuidad de libros de texto.
La derecha garantiza la educación pública, gratuita y universal, es verdad. Pero la de calidad es coto reservado para unos pocos. Qué difícil es construir y qué fácil acabar con todo.


















