La derecha de siempre
Octavilla del boicot a Cataluña (1932)
Este fin de semana discutíamos con un amigo sobre una evidencia: que el discurso de la derecha siempre encuentra quien lo defienda. Cuando aplican una vuelta de tuerca sin precedentes a nuestro sistema judicial y abren las puertas a la cadena perpetua; cuando en pocos días hacen exactamente lo contrario a lo que habían prometido cargando sobre las rentas más bajas y sobre la clase media una subida de impuestos inocua para los más poderosos. Cuando hacen gala de su mayoría absoluta para cercenar derechos, prestaciones y servicios, los propios lo defienden y los ajenos lo entienden.
Y es que el discurso de la derecha, que trasciende al PP para llegar a los medios de comunicación y a buena parte del sector económico y social, cuenta una historia de desigualdades, recortes e injusticias que suena coherente por conocido. Es como los viejos amigos, a los que todos se les perdona con un “ya lo conoces”.
A la derecha ya la conocemos. Llevan diciendo, haciendo y promoviendo lo mismo durante décadas. No necesitan cambiar porque no quieren que nada cambie. Para ellos más igualdad significa menos privilegios; como le leí a Innerarity hace unos meses a propósito de la invención de los mercados (que el atribuye a la izquierda), la derecha son aquellos que pueden sobrevivir mejor cuando los mercados no aseguran la igualdad (porque tienen más recursos o porque se saben beneficiarios de una estructura política de privilegios).
Y en estas andábamos cuando mi amigo me muestra un detalle, una curiosidad histórica que lo aclara todo y que le agradezco. Me muestra una octavilla del boicot que la derecha impuso a los productos catalanes a raíz de su veto al Estatuto, tras el que escondían la aversión al progreso, el rechazo a un modelo de Estado que no acaban de asumir y, sobre todo, un nacionalismo centralista que es el que enfrenta a Madrid con la periferia (y no al contrario) y en el que la derecha lleva basando su discurso territorial la friolera de… 80 años. Porque el documento que mi amigo me enseña es de 1932, pero su contenido es el mismo que la derecha nos hizo tragar de nuevo hace tan sólo unos años.
Ese país de enfrentamientos, de territorios buenos y malos, de divisiones es una invención del Partido Popular con la que los socialistas ni nos identificamos ni compartimos. Nuestro modelo es el de la integración, el de la cooperación territorial y el de un país que se enriquece con sus diferencias y no al contrario.
Por eso desde la izquierda alertamos de lo que supondría un poder tan absoluto como el que ha asumido el PP, porque su línea de acción es de sobra conocida y, al igual que conocemos su modelo territorial, también conocemos que en su agenda política no entran ni los servicios públicos ni la garantía de igualdad porque esa agenda de la derecha no ha evolucionado nunca.
Ese es su secreto, que el tiempo no pase por ellos. El drama viene cuando lo que provocan es un viaje al pasado de toda la sociedad. Un viaje que ya ha empezado.
Eva Almunia


















